Detrás de cada sistema de pensiones del mundo hay una de dos respuestas a una pregunta simple: ¿de dónde sale el dinero para pagar las pensiones? Las dos respuestas son el reparto y la capitalización, y entenderlas aclara casi cualquier debate previsional.
Reparto (pay-as-you-go)
En un sistema de reparto, no existe un fondo individual. Las cotizaciones de los trabajadores activos se usan de inmediato para pagar a los jubilados de hoy. Es un pacto entre generaciones: tú pagas por tus mayores con la promesa de que la siguiente generación pagará por ti.
Ventajas: ofrece pensiones predecibles (beneficio definido), protege contra la inflación si se ajusta, y no expone al trabajador a los vaivenes de los mercados.
Riesgo principal: el demográfico. Si nacen menos personas y la gente vive más, hay cada vez menos trabajadores por jubilado, y el sistema se vuelve costoso o insostenible.
Capitalización (cuentas individuales)
En la capitalización, cada trabajador ahorra en su propia cuenta, que se invierte y crece con los rendimientos. Al jubilarse, ese saldo financia su pensión.
Ventajas: es robusto frente al envejecimiento (cada quien financia su propio retiro), fomenta el ahorro nacional y da propiedad sobre los recursos.
Riesgo principal: el financiero. La pensión depende de los rendimientos, las comisiones y la disciplina de ahorro. Una crisis de mercado cerca del retiro o lagunas de cotización pueden producir pensiones bajas.
| Reparto | Capitalización | |
|---|---|---|
| Financiamiento | Intergeneracional | Ahorro individual |
| Tipo de beneficio | Definido | Según saldo |
| Riesgo dominante | Demográfico | Financiero |
| Ejemplo | Ley 73 IMSS, Social Security | Ley 97 / AFORE, AFP Chile |
¿Por qué cambió el mundo hacia la capitalización?
El envejecimiento poblacional volvió frágiles a muchos sistemas de reparto. Con más jubilados y menos trabajadores, mantener las promesas exigía subir impuestos o recortar beneficios. La capitalización trasladó ese riesgo del Estado al individuo.
¿Hay un ganador?
No. Cada modelo intercambia un tipo de riesgo por otro. Por eso la tendencia mundial no es elegir uno, sino combinarlos: una base pública de reparto o no contributiva que garantice un piso, más cuentas individuales que aporten suficiencia, más ahorro voluntario. Es el enfoque multipilar, y es exactamente el camino que ha seguido México al convivir Ley 73, Ley 97 y los esquemas voluntarios.